Se han convertido en uno de los paradigmas de nuestra Sociedad de Consumo. Están presentes en prácticamente todos los hogares españoles. Las entidades bancarias nos animan a usarlas haciendo alarde de – cada vez – más medios tecnológicos de uso y pago pero… ¿son tan seguras como nos dicen?.

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Las limitaciones salariales y económicas de gran parte de la sociedad española han elevado a las distintas fórmulas de crédito, a la categoría de «fórmula magistral» para acceder a numerosos bienes de consumo (incluso a los de índole alimentaria).

Pero ¿funcionan? la respuesta es…. «no siempre» Con lo cual no, no podemos fiarnos abiertamente».

Por otra parte, el crecimiento de las «compras On Line» han generado al usuario la necesidad imperiosa de disponer de sistemas de pago telemáticos… e inmediatos.

Sobre ésta tesitura, la afamada «tarjeta de Crédito» el «dinero de plástico» cobran cada día más protagonismo arropada, siempre según los bancos y cajas, en amplios protocolos de seguridad, facilidad de uso e – incluso – posibilidades tecnológicas de última generación como el NFC (ó «Contactless», que nos permite pagar sólo con «sobrevolar» el TPV haciendo uso de nuestro teléfono móvil).

Las usamos prácticamente a diario y de forma tan intensa que, en cada vez más hogares, el número de tarjetas operativas se incrementa paulatinamente con el paso del tiempo.

¿Podemos fiarnos?.

Hace no demasiado tiempo para cursar un pago «On Line» ó, simplemente, pagar en un restaurante sólo necesitábamos tener la tarjeta en nuestra mano, introducir su numeración y – en muchos casos – rubricar con una simple firma. La creciente picaresca y el uso irregular de muchas pasarelas de pago, obligaron a las entidades bancarias a introducir sistemas de seguridad adicionales… que acreditaran que quien paga es el legítimo propietario. Pero ¿funcionan? la respuesta es…. «no siempre» Con lo cual no, no podemos fiarnos abiertamente.

Hemos realizado una prueba con los 3 principales sistemas de verificación adicional que nos ofrecen las entidades bancarias. Éstos han sido los resultados:

  • Verificación mediante Tarjeta de Coordenadas: Su funcionamiento es simple; cuando la utilizamos en una compra telemática (sobre todo mediante Internet) antes de proceder al correspondiente pago, nuestra entidad bancaria exige que consultemos un código en una tarjeta de coordenadas que previamente se nos ha suministrado. Sólo así – en teoría – podemos formalizar la compra. ….y decimos en teoría, por que hemos detectado numerosas pasarelas de pago que permiten eludir éste trámite y, mediante la introducción del código de seguridad que aparece el el reverso (llamado CVV ó CVC) nos permiten formalizar la transacción sin requerir de comprobaciones adicionales. Ésto implica que cualquiera que disponga de nuestra tarjeta «físicamente» puede utilizarla en un gran número de tiendas aún sin nuestro consentimiento. Afortunadamente entidades como el Banco de Sabadell, están sustituyendo tal protocolo por nuevos sistemas de firma electrónica.
  • Verificación mediante Código Telefónico: Cada vez que se requiere un pago realizado mediante nuestra tarjeta, recibimos cómodamente en nuestro móvil un código – por lo general – de 4 dígitos que, una vez introducido en la pasarela de pago, permite formalizar la compra. El problema es que tal código no siempre es enviado (mala señal, ya que podemos estar ante un pago no seguro, aunque a veces es simplemente un problema con nuestro proveedor de telefonía) y, en ocasiones, no siempre es requerido… por lo que – como ocurría en el punto anterior – terceras personas pueden realizar pagos sin nuestra aprobación expresa. El sistema es notablemente más cómodo que el mencionado anteriormente, pero – también hemos constatado – mucho menos eficaz, ya que no demasiadas pasarelas de pago nos permiten realizar todo éste proceso siguiendo el protocolo que marca nuestro Banco. ¡Precaución!.
  • Aprobación mediante firma convencional: El gran clásico de las «Tarjetas Oro», que nos confiere «comodidad y distinción» en un restaurante. Lamentablemente hemos comprobado que numerosos establecimientos, sobre todo para evitar problemas con el cliente, evitan pedir a éste un documento identificativo que concuerde con el de la tarjeta y, cuando lo ofrecemos, no siempre se comprueba que la persona que paga es la que figura en el documento entregado. Obviamente, éste sistema es el menos seguro, el más arcaico y el que mayores quebraderos de cabeza suele dar al consumidor.

Llegados a éste punto, resulta ineludible establecer una conclusión general: una vez más, la seguridad de nuestras tarjetas depende más del factor humano, que de los resortes tecnológicos que haya utilizado la entidad bancaria.

Por otra parte, recomendamos abiertamente, no formalizar la compra cuando la pasarela de pago que estemos utilizando no nos exija la tarjeta de coordenadas ó la preceptiva clave telefónica. En mucho casos, ésta falta de requerimiento es debida a la impericia del sistema informático de la tienda «on line» pero, en todo caso, lo mejor es no correr riesgos.

Y por último, pero no menos importante, cada vez que utilicemos nuestra tarjeta en una tienda presencial, en primer lugar JAMÁS debemos perderla de vista (debemos exigir al dependiente ó camarero que nos haga llegar el TPV ó que nos acompañe hasta él si éste no es inalámbrico) y, como es lógico, debemos comprobar que el importe a teclear en el TPV es el correcto antes de proceder a la correspondiente confirmación.

Sólo así podemos evitar sorpresas desagradables con nuestras tarjetas y hacer que éstas… sean mucho más seguras.

 

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