El avión se ha convertido en el modo de desplazamiento favorito de los Consumidores. Sus tarifas son cada vez más accesibles, los destinos más abiertos y las posibilidades turísticas… ¡casi infinitas!. El problema es cuando surge una incidencia fuera de nuestras fronteras y debemos cambiar radicalmente nuestro “plan de ruta”. Un buen ejemplo lo hemos constatado éstos días, cuando miles de españoles han tenido que vivir “in situ” y de muy primera mano la crisis del tristemente célebre Coronavirus de China.

No lo decimos nosotros; lo confirma el Foro Económico Mundial: dentro de 10 años las llegadas Internacionales superarán los 2.000 millones de pasajeros. nos gusta viajar y cada vez con mayor frecuencia y a destinos más exóticos. Lejos de nuestra casa, cualquier incidencia, por pequeña que sea, puede llegar a convertirse en un problema de cierto calado. Si encima debemos afrontar, sobre el mismo terreno, un brote epidémico como el del Coronavirus de China… las cosas pueden complicarse hasta el extremo.

La mayor parte de los usuarios, al pensar en un Seguro de Viaje, nos centramos casi exclusivamente, en la cobertura de una pérdida de maleta… ó un simple retraso en un vuelo. Circunstancias que, en la mayor parte de los casos, no nos generan la urgencia de contratar el preceptivo seguro. ¡Craso error!.

Cuanto más lejos… más seguro.

Afortunadamente, las compañías de seguros y agencias de viajes han diseñado soluciones acordes al nuevo tipo de desplazamientos. Especialmente si vamos a viajar fuera de la Unión Europea.

Si meditamos un poco nuestra elección, la cobertura no sólo va a ser económica si no que nos va a permitir disfrutar del viaje con más seguridad.

El problema (¡lo asumimos!) es cuando ante nosotros se muestra una amplia carta de precios y servicios que complica sobremanera la elección, ¿por cual me decanto?. Es difícil, lo sabemos, así que vamos a intentar ayudar al Consumidor dando unas pautas que faciliten ésta ardua labor.

¿Qué tipo de viajero eres?.

Lo primero que debemos evaluar es el tipo de viaje que vamos a realizar: negocios, turismo, estudio, ¡aventura!. Obviamente no debemos contratar la misma póliza si vamos a pasar el tiempo viendo museos que si deseamos practicar barranquismo. Ni el precio, ni las coberturas son – siquiera – similares.

El segundo factor parece obvio, pero a veces no lo consideramos de forma adecuada: a qué destino vamos. Un país con una cobertura sanitaria limitada y/o con enfermedades habituales que en España son desconocidas, nos exigirá unas coberturas médicas adicionales. Como las vacunas que, en algunos de éstos seguros también van incluidas.

También puede ocurrir lo contrario; ir a un destino cuyo sistema sanitario es demasiado caro (como ocurre en Estados Unidos, por ejemplo). En Atención al Consumidor podemos atestiguar como una pequeña dolencia (un ligero traumatismo, por ejemplo, que provocada por una simple caida en la ducha del hotel) puede generar un desembolso económico inasumible… y lo que es peor; un conflicto administrativo difícil de resolver.

Especial atención debemos prestar a dos conceptos fundamentales: la “Repatriación” y la “Asistencia durante el viaje”. Algunas pólizas nos incluyen hasta una cobertura legal “on line” que en numerosos casos puede marcar la diferencia entre un susto… y un disgusto.

A modo de resumen. Efectivamente; es muy importante viajar con éste tipo de coberturas. Asesorarnos previamente de nuestras posibles necesidades (la Web del Ministerio de Exteriores ofrece información especialmente útil al respecto) y contratar un seguro que nos permita disfrutar plenamente de nuestro viaje.

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