Hoy, 16 de enero es el Día Internacional de la Croqueta. Un pequeño placer que con cierta frecuencia solemos darnos cada vez que vamos de tapeo. Por su variedad, tamaño, técnicas de elaborado… es difícil no encontrar una croqueta que haga nuestras delicias. El problema viene cuando nos ofrecen «croquetas caseras» y, a la hora de degustarla, nos asaltan las dudas. ¿Cómo distinguirlas?.

Si son seguidores del programa «Pesadilla en la Cocina» y del mediático Chef Alberto Chicote (imagen de la derecha), la frase les sonará: «Ésta croqueta… no es casera». El Chef no oculta que es un gran admirador de ésta célebre tapa, por lo que – antes de evaluar el funcionamiento de un Restaurante – suele ser uno de los platos que incluye en su menú.

Sin embargo, no todos disponemos de la destreza culinaria del Chef Chicote por lo que, en más ocasiones de las debidas, acabamos pagando como «croqueta casera» un producto de procedencia (¡y calidad!) industrial. Y no, no es lo mismo.

Hagamos unas comprobaciones…

La cocina no tiene por qué convertirse en una pesadilla
La cocina no tiene por qué convertirse en una pesadilla

En primer lugar debemos mirar la parte baja de abajo de la croqueta: si esta muestra marcas de mecanizado como líneas ó una forma de red (en rombos) casi con total seguridad estamos ante un producto hecho a máquina: ésas marcas son las que deja la tolva de recepción durante el mecanizado del proceso. Mala señal.

Si pasamos a abrir (ó «diseccionar») la croqueta, una de procedencia industrial se delatará inmediatamente ya que la masa se despega de la capa de rebozado. Habitualmente las croquetas «de fábrica» se diseñan (literalmente) para facilitar su manipulación y procesado: tanto en la propia fábrica como en el establecimiento hostelero. Por ello el empanado suele ser especialmente resistente y, por ello, no acompaña al relleno cuando damos el primer mordisco.

Lo siguiente es comprobar la bechamel: una croqueta casera mostrará un brillo en la crema y una untuosidad similar a la de una pomada. Si el relleno carece de brillo, ó bien, no se mueve ligeramente hacia el plato cuando lo cortamos, casi con absoluta seguridad estamos ante una croqueta «prefabricada».

Croquetas Industriales

Pero si está buena… ¿no da lo mismo?.

Pues no, no debería darnos lo mismo. Una bolsa de croquetas industriales como la que la izquierda, tiene un precio ligeramente superior al euro (2,18 €/Kg. exactamente); esto es cada una de las 12 unidades cuestan menos de 10 céntimos.

Sin embargo, una croqueta «casera» vendida en un bar ó restaurante tiene un coste superior al euro. ¡Una sóla croqueta!. Si es casera… podemos dar por bueno el precio, pero si es un producto precocinado «debidamente disfrazado»… ¡no!. Obviamente, su valor culinario y nutricional está muy lejos del de un producto hecho a mano y con la debida calidad.

Así que hoy, 16 de enero, celebre ésta particular efeméride con una buena ración de croquetas. Caseras, eso sí, que la ocasión bien lo merece.

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