Tradicionalmente el Consumidor ha asociado electrónica ó informática con gratuidad. Las compañías de telefonía nos dispensaban un nuevo terminal sin – aparentemente – pagar. Descargábamos software y contenidos de manera gratuita y, recientemente, incluso hacemos llamadas sin tener que abonar prácticamente nada. ¿Es segura ésta «barra libre digital».

Llegan las Retribuciones Virtuales
Retribuciones virtuales: una nueva amenaza

Muchos usuarios de videojuegos recordarán como, para hacerte con el cartucho de consola de «última hornada», había que desembolsar cantitades cercanas a las 10.000 pesetas (unos 60 de los actuales euros).

Para que el lector se haga una idea, tan sólo una de éstas empresas ha llegado a generar tasas de ingresos cercanas a los 100 millones de euros».

Actualmente, el último grito en ocio digital (como puede ser el conocido Pokemon Go) está a nuestra entera disposición de forma totalmente gratuita. ¿Qué ha pasado?, ¿dónde está el truco?.

Hace apenas unos meses en Atención al Consumidor publicábamos un estudio propio (click para acceder) en la que mostrábamos cómo cada vez más empresas se dedicaban a la caza y captura de nuestros datos personales… incluso antes de nacer.

Pagos en especie…. «virtual».

Si combinamos éste afán nuestro por la gratuidad, con las enormes posibilidades que genera nuestro Big Data personal, descubrimos una nueva fórmula de pago que cada vez cobra más adeptos: las «Retribuciones Virtuales».

¿En qué consisten?. Nuestros datos (personales, laborales, económicos…) y los de nuestra familia tienen un gran valor para la práctica totalidad de las instituciones y empresas. El coste de realizar estudios de mercado, sociológicos, diseño de campañas publicitarias, marketing es una de las partidas presupuestarias que mayor carga económica generan a las compañías.

Saber qué piensa, desea, compra y realiza el Consumidor es una tarea compleja pero muy rentable. Más aún si es el propio usuario quien nos dispensa tales datos… voluntaria y gratuitamente.

¿Cómo funcionan?.

Existen empresas y entidades especializadas que nos ofrecen disfrutar de mayor calidad en nuestros programas, en nuestro juegos ó – incluso – acceder a compras reales utilizando dinero virtual que obtenemos a cambio de probar programas, realizar interminables encuestas y, en definitiva, alquilarnos a terceros como «dummy digital» .

Para que el lector se haga una idea, tan sólo una de éstas empresas (Tapjoy) y según la consultora estadounidense Business Insider, ha llegado a generar tasas de ingresos cercanas a los 100 millones de euros.

¿Qué es lo quieren?. Lo hemos probado.

Descargamos un juego para nuestro dispositivo móvil. El programa es gratuito pero, ya desde la propia pantalla de descarga, se nos indica que se nos pueden requerir «micropagos» para poder disfrutar de determinadas funcionalidades.

Tras unas horas de prueba, ya nos hemos acostumbrado a la interfaz, a la dinámica de juego y comprobamos que, si queremos avanzar ó mejorar nuestra experiencia de usuario… toca pasar por caja. Es más; debemos convertir dinero real en la «divisa» ó moneda virtual (curiosamente casi siempre monedas de oro digitales) que nos permiten adquirir lo que necesitamos.

Junto a la opción de resolver tal situación haciendo uso de la consabida tarjeta de crédito (con pagos que en ocasiones llegan a alcanzar los 800 € reales), encontramos una alternativa que nos ofrece obtener ése dinero/oro digital, sin tener que hacer menguar nuestra cuenta bancaria. Aceptamos.

Las alternativas que nos generan menos ingresos son viejas conocidas del usuario: ver vídeos promocionales de otras aplicaciones, probar otros juegos…. Pero si deseamos acceder a pagos de mayor calado, la cosa cambia y el catálogo de «alternativas» es tan amplio como inquietante, pero – sin duda – el «arma de venta» más poderosa son las encuestas.

Traficando con nuestra privacidad.

Bajo la inocente apariencia de una típica encuesta de 5 minutos, se esconden complejos sistemas de software que nos exigen datos personales y sensibles como nuestro nivel de ingresos económicos, intención que tenemos de viajar a determinados destinos, datos de nuestros hijos (edad, estudios, enfermedades….) y algo que – por difícil que parezca a éstas alturas – nos ha sorprendido especialmente: la opinión que nos merecen los productos y procedimientos de determinados países. Incluída España. Una encuesta de éste tipo tiene una duración de no menos de 15 minutos e incluye sistemas de control que evitan que mintamos en nuestras respuestas.

En ocasiones, nos comprometemos a realizar éste proceso DIARIAMENTE ó bien, por un periodo de tiempo preestablecido en el que seremos sometidos a un estricto control. De hecho, y como pudo comprobar nuestro Departamento de Informática, en ocasiones se instala dentro de nuestro teléfono un sofware adicional que permite a nuestro «nuevo jefe» hacer un seguimiento aún más exaustivo de nuestro comportamiento como Consumidores.

¿Cómo actuar?.

Las consecuencias negativas de todo éste «modus operandi» son obvias y abarcan desde el plano personal hasta el fiscal (obviamente tales transacciones no entran dentro de los procesos de tributación convencionales) o incluso laborales, ya que estamos ayudando a generar un perfil sobre nosotros y los nuestros, miles de veces más exacto que el que se desprende de nuestro propio Curriculum.

Aunque tales usos, por su evidente sofisticación, no reciben un tratamiento específico e nuestra legislación, la Ley de Consumo en España (entre otros: Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias) ofrece al Consumidor español resortes que permiten actuar cuando nuestros Derechos son, de un modo u otro, vulnerados.

Si considera que éste puede ser su caso, no dude en contactar con nuestro equipo de asesores, podemos ayudarle a resolver su problema y, de éste modo, hacer que usted y los suyos puedan disfrutar de todo éstos novedosos productos y protocolos digitales… con las debidas garantías.

2 Comentarios

  1. Me temo que esto lleva haciendose desde el principio de los tiempos, otra cosa es que se este llegando ya a limites insospechados. Yo prefiero pagar por la APP (que tampoco es mucho) y dejarme de zarandajas que lo barato sale caro.

    • El principal problema, tal y como afirmamos en el titular, es que la fórmula está llegando al mercado español de forma muy, muy adaptada al Consumidor nacional. Y sí, es cierto; por ahorrarnos unos euros podemos llegar a comprometer nuestra privacidad… y nuestros Derechos.

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